martes, 6 de marzo de 2007

Año 10 D. D.

El 23 de febrero de febrero de 1997 un periódico de información general, The Observer, anunciaba al mundo la clonación de una oveja adulta. Las reacciones, en muchos casos exacerbadas, se multiplicaron desde todos los frentes sociales y se inició un intenso y acalorado debate que, si bien continua, ha ido menguando la radicalidad en las posturas de uno y otro “bando”.

Desde algunas instancias de enorme relevancia pública se erigieron voces clamando contra la clonación. Argumentaban, y argumentan, va contra la ética, contra la moral y contra la dignidad del ser humano. En un Déjà vu oscurantista, se revivieron mitos propios de la ciencia ficción y la imaginación desbordada, como la “cría” de clones destinados a repuestos para sus “humanos originales”, y se reactivó el debate sobre el momento en el que un embrión deja de ser una célula o conjunto de células para convertirse en un ser humano de pleno derecho con el objetivo de enterrar la clonación antes incluso de que los científicos pudieran conocer a fondo sus verdaderas posibilidades.

Tampoco se quedaron cortos algunos de los defensores de la libertad de investigación con células madres, cuando profetizaban esperanzas y sueños como verdades científicas a corto y medio plazo: órganos de repuesto, curación de las enfermedades degenerativas y de los grandes males médicos de la sociedad actual. La panacea en forma de alteración del proceso biológico justificaba cualquier línea de investigación y las consideraciones éticas y legales debían ser condicionadas por la obtención de este bien superior.

Ambas posturas, enrocadas en su teleologísmo particular, cometían el error, o así parece con diez años de perspectiva, de enzarzarse por un tema superado como era la clonación, recordemos que desde los años 80 se habían conseguido pasos importantes en esta dirección, pero siempre partiendo de células embrionarias, y obviar el tema realmente importante no era el clon sino su procedencia. El gran hito no fue crear a Dolly, sino hacerlo a partir de una célula de glándula mamaria que fue “reprogramada” para hacer una función que, por naturaleza, no le correspondía.

La tramitación de la nueva Ley de Investigación Biomédica, que coincide con este aniversario, está viendo la luz en un momento propicio y parece que el debate político se alejará de las demagogias y utopías que en uno y otro sentido se desataron hace diez años. Sin ser tan tolerante como la ley inglesa de 2001, que permite, entre otras cosas, crear embriones con el único fin de la investigación, abre la vía de la investigación con los sobrantes de los procesos de fecundación in vitro y da la oportunidad a los científicos de desarrollar en nuestro país sus investigaciones sobre las posibles aplicaciones terapéuticas de las células “reprogramadas”. Quizás esta sea la primera señal de los buenos nuevos tiempos para la bioinvestigación en España.

Esta editorial corresponde al nº 3 de la revista BioMédica (Mar-Abr 2006)

La Obligación de no Innovar

En estas fechas en que la prensa, deportiva y generalista, nos bombardea con los fichajes, incorporaciones y revulsivos que incorporan los equipos profesionales de fútbol, única religión verdadera y leitmotiv de muchos españoles, parece más que evidente una continua renovación y reestructuración para conseguir cualquier objetivo que se pretenda conseguir en un entorno de máxima competencia nacional y foránea.

El ejemplo, por más pueril que nos parezca, es perfectamente extrapolable al entorno de la biotecnología. La redefinición de objetivos durante el desarrollo de un proyecto, debido a los resultados propios y ajenos; la necesidad de crear una estrategia propia y la superación de la ajena; la incorporación de los conocimientos novedosos y protocolos de trabajo que se han mostrado efectivos; la existencia de un objetivo común a varios grupos que intentan ser los primeros en conseguirlo optimizando su potencial… son sólo algunos de los “lugares comunes” del deporte y la investigación de élite.

Las incorporaciones de capital humano, llamado a aumentar la capacidad para conseguir los objetivos de una organización, no son tan fáciles como muchas veces sería deseable. Hoy en día existe en España una carencia de personal cualificado en prácticamente todas las áreas de la biotecnología, si exceptuamos a los profesionales sanitarios. Hay pocos investigadores, menos gestores profesionales cualificados y escasísimo capital privado que apueste por el sector. Por si esto fuera poco, carecemos de capacidad no ya de atraer a talentos extranjeros, sino de retener a los nacionales. Somos a los investigadores, gestores y directivos de primera línea lo que África a los buenos jugadores de fútbol

Las incorporaciones de nuevas líneas de desarrollo son la otra gran vertiente de esa capacitación para conseguir objetivos. La biotecnología ya no se reduce a su parte más conocida, la genética, sino que nuevas aproximaciones como la proteómica, la metabolómica o la nanotecnología han llegado para aportar enfoques, conocimientos y líneas de negocio complementarios e, incluso en algunos casos, parecen tener mayor potencial para nuestros investigadores y organizaciones que la propia genética. Los médicos utilizan métodos de diagnóstico, por ejemplo los chips de ADN, que contribuyen a optimizar los tratamientos. Las ramas de la biomedicina se multiplican y aumenta exponencialmente su potencial, ya no solo para tratar enfermedades o establecer diagnósticos, sino para desarrollar aplicaciones que mejoren la calidad de vida de los seres humanos. España en este aspecto, tampoco está haciendo los deberes. Muchos fondos y esfuerzos investigadores se están desperdiciando en tecnologías superadas y en proyectos y empresas que difícilmente podrán competir con organizaciones internacionales que llevan años especializados en aquello que aquí se comienza a investigar.

Quizás sea el momento de asumir riesgos y apostar por el futuro. Hay ramas de la biotecnología que están aun en pañales, como la farmacogenómica, en las que deberíamos centrar todo nuestro esfuerzo, formativo y económico. Atraer a los incipientes líderes de estas disciplinas, estimular a los investigadores con formación, trabajo y proyectos en esta línea de gran nivel, concienciar a los inversores de que hay que apostar por la vanguardia de verdad, no por el campo ya trillado, preparar gestores económicos e industriales que puedan dirigir la vertiente empresarial de los desarrollos científicos.

Aunque nuestra historia, llena de trenes perdidos, casi nos “obliga a no innovar”, parecen vislumbrarse señales que auguran un futuro prometedor para la biotecnología. Hay razones para el moderado optimismo. Puede que, si no nos relajamos y seguimos luchando por la investigación en España, esta vez aprovechemos la oportunidad. El partido ya ha empezado.

Esta editorial corresponde al nº 2 de la revista BioMédica (Ene-Feb 2006)

Una Cuestión de Información

Hay un conocido aforismo periodístico que dice que lo que no sale por televisión no existe. Este corolario, aunque exagerado, da perfecta cuenta de la importancia de la difusión pública para que cualquier información sea realmente efectiva. En otras palabras, que el conocimiento que no llega a la sociedad carece completamente de utilidad y sentido.

La biotecnología sanitaria en España ha superado ya su primera fase crítica en la que se ha pasado de proyectos, cargados de las mejores intenciones pero meramente teóricos, a resultados tangibles que se han materializado en una amplia gama de pruebas diagnósticas, compuestos activos, test de predisposición genética y un largo etcétera.

Ahora, el problema se ha trasladado de la producción del conocimiento a la difusión del mismo. Las bioempresas nacionales encuentran grandes escollos a la hora de promocionar y comercializar sus productos y esto se debe, mayoritariamente, a la reticencia del sistema sanitario a incorporar las nuevas formas de diagnóstico y tratamiento dentro de la red asistencial pública, que es la predominante en nuestro país.

Ante este panorama, la solución a los problemas de penetración de las nuevas tecnologías biomédicas en el sistema sanitario público, pasa por la información eficaz a los profesionales sanitarios para que estos sean los que, convencidos de la oportunidad que suponen estos nuevos métodos para mejorar la calidad asistencial y facilitar el diagnóstico y tratamiento adecuado a los pacientes, reclamen a la administración pública la aplicación cotidiana de los productos biotecnológicos en la praxis clínica.

Por si esta implicación directa de los facultativos no fuese suficiente, conviene recordar que los médicos son el elemento de capital importancia a la hora de informar a los pacientes sobre las distintas alternativas de diagnóstico y tratamiento para las enfermedades que padecen. El profesional sanitario, informado y activo por definición, es la clave que permite que la innovación en la práctica clínica no se anquilose en manos de la burocracia y la rutina.

Los médicos hospitalarios, normalmente abrumados por la carga de trabajo y, lamentablemente, en muchos casos escasos de recursos materiales y humanos, hace necesario que la información les llegue de una manera clara, directa y ordenada. Los facultativos carecen, mayoritariamente, de tiempo para localizar la información pertinente y potencialmente de su interés en medio de un marasmo de noticias, opiniones e ideas que les bombardean casi a diario. El reto de la biomedicina en España, desde las bioempresas hasta medios como BioMédica, que se dirigen especialmente a los profesionales sanitarios, debe ser ofrecerles la información que puede interesar al facultativo y solo esa.

Los profesionales sanitarios son la llave que abre el acceso público y gratuito de la sociedad a la mejor atención médica disponible. Debemos informarlos de manera clara y directa, facilitándoles en todo lo posible el acceso al conocimiento de los avances venideros tanto como de las posibilidades actuales de las técnicas basadas en las innovaciones biotecnológicas, solo así conseguiremos que todo el conocimiento aplicado que se genera en España sirva para mejorar la calidad de vida de los españoles.

Esta editorial corresponde al nº 1 de la revista BioMédica (Nov-Dic 2006)

Un Punto de Encuentro

A nadie se le escapa que el mundo está cambiando vertiginosamente a nuestro alrededor sin que sepamos, a ciencia cierta, hacia donde nos conducirá esta nueva era de descubrimientos y avances. Lo cierto es que, desde aquellos lejanos albores de la revolución industrial, el mundo y los seres humanos no nos habíamos enfrentado a un cambio tan profundo y generalizado como el provocado por la nueva Sociedad del Conocimiento.

La nueva máquina de vapor es intangible y su peso se mide en bits de conocimiento. Los avances científicos en múltiples disciplinas, desde la Biología hasta la Informática han permitido a la insaciable curiosidad del hombre, asomarse a su más profunda realidad consustancial: el ADN. Las posibilidades médicas relacionadas con los avances científicos en el campo de la investigación biotecnológica parecen más cercanas a la ciencia ficción soñada por nuestros abuelos que a las expectativas realistas que nos hacemos hoy en día.

Los retos científicos, éticos, económicos y legales a los que ha de enfrentarse la nueva sociedad son enormes. La ciudadanía demanda de todos los implicados en la investigación, sean docentes, políticos, científicos o empresarios, la máxima responsabilidad ante las potenciales aplicaciones de la nueva tecnología. La biomedicina es fruto de nuestro tiempo, un tiempo en que el hombre afronta las eternas cuestiones vitales del quién y el por qué con la intuición de que, esta vez, disponemos de los medios necesarios para contestar de manera científica a estas preguntas, pero también es parte de un comercio y economía globales, de un mundo en el que priman, ante todo, los resultados.

El panorama que se presenta en los nuevos campos de investigación es tan excitante como incógnito, aunque algunas tendencias van tomando forma: el aumento de la colaboración entre iniciativa pública y privada, que ha cristalizado en numerosos proyectos llevados a cabo por centros hospitalarios o universitarios en colaboración con empresas, , el estímulo institucional a la creación de nuevas empresas de base tecnológica spin off y strart ups provenientes del mundo universitario, la creación de bioincubadoras y parques tecnológicos, el interés de empresarios y fondos de inversión “tradicionales” por entrar en compañías presentes en los nuevos mercados de la biomedicina y el aumento de fondos para los centros públicos de investigación, parecen ser algunas de las líneas maestras que potenciarán el desarrollo de las ciencias de la vida durante los próximos años

Biomedica nace con vocación de punto de encuentro para todos los implicados en este sector, como foro libre de difusión de intereses e inquietudes de investigadores, docentes, empresarios, abogados, teóricos de la biotecnología… Un espacio que desde aquí brindamos a todo aquel que tenga algo que aportar al desarrollo de un campo de importancia máxima. Esta tribuna esta abierta a la opinión, siempre desde el respeto y la responsabilidad, para generar un debate, y para facilitar la colaboración entre todos los que compartimos la convicción de que la investigación médica europea ha de ser un referente a nivel mundial.

Esta editorial corresponde al nº 0 de la revista BioMédica (Sep-Oct 2006)