Hay un conocido aforismo periodístico que dice que lo que no sale por televisión no existe. Este corolario, aunque exagerado, da perfecta cuenta de la importancia de la difusión pública para que cualquier información sea realmente efectiva. En otras palabras, que el conocimiento que no llega a la sociedad carece completamente de utilidad y sentido.
La biotecnología sanitaria en España ha superado ya su primera fase crítica en la que se ha pasado de proyectos, cargados de las mejores intenciones pero meramente teóricos, a resultados tangibles que se han materializado en una amplia gama de pruebas diagnósticas, compuestos activos, test de predisposición genética y un largo etcétera.
Ahora, el problema se ha trasladado de la producción del conocimiento a la difusión del mismo. Las bioempresas nacionales encuentran grandes escollos a la hora de promocionar y comercializar sus productos y esto se debe, mayoritariamente, a la reticencia del sistema sanitario a incorporar las nuevas formas de diagnóstico y tratamiento dentro de la red asistencial pública, que es la predominante en nuestro país.
Ante este panorama, la solución a los problemas de penetración de las nuevas tecnologías biomédicas en el sistema sanitario público, pasa por la información eficaz a los profesionales sanitarios para que estos sean los que, convencidos de la oportunidad que suponen estos nuevos métodos para mejorar la calidad asistencial y facilitar el diagnóstico y tratamiento adecuado a los pacientes, reclamen a la administración pública la aplicación cotidiana de los productos biotecnológicos en la praxis clínica.
Por si esta implicación directa de los facultativos no fuese suficiente, conviene recordar que los médicos son el elemento de capital importancia a la hora de informar a los pacientes sobre las distintas alternativas de diagnóstico y tratamiento para las enfermedades que padecen. El profesional sanitario, informado y activo por definición, es la clave que permite que la innovación en la práctica clínica no se anquilose en manos de la burocracia y la rutina.
Los médicos hospitalarios, normalmente abrumados por la carga de trabajo y, lamentablemente, en muchos casos escasos de recursos materiales y humanos, hace necesario que la información les llegue de una manera clara, directa y ordenada. Los facultativos carecen, mayoritariamente, de tiempo para localizar la información pertinente y potencialmente de su interés en medio de un marasmo de noticias, opiniones e ideas que les bombardean casi a diario. El reto de la biomedicina en España, desde las bioempresas hasta medios como BioMédica, que se dirigen especialmente a los profesionales sanitarios, debe ser ofrecerles la información que puede interesar al facultativo y solo esa.
Los profesionales sanitarios son la llave que abre el acceso público y gratuito de la sociedad a la mejor atención médica disponible. Debemos informarlos de manera clara y directa, facilitándoles en todo lo posible el acceso al conocimiento de los avances venideros tanto como de las posibilidades actuales de las técnicas basadas en las innovaciones biotecnológicas, solo así conseguiremos que todo el conocimiento aplicado que se genera en España sirva para mejorar la calidad de vida de los españoles.
Esta editorial corresponde al nº 1 de la revista BioMédica (Nov-Dic 2006)
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